"Según la definición dada por la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de Diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la violencia de género es una manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de hombres sobre mujeres. La violencia de género, por tanto, comprende cualquier acto de agresión que pueda tener o tenga como resultado algún daño o sufrimiento físico, psicológico o sexual, incluyendo las amenazas de estos actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada, cuando estos actos son ejercidos por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aún sin convivencia."
Por tanto es importante destacar la importancia que tiene esto sobre los hijos.
Normalmente relacionamos violencia de género directamente a maltrato físico, sin pensar en que continuas discusiones subidas de tono, por poca importancia que les demos los adultos, tendrán consecuencia en los pequeños.
CONSECUENCIAS EN LOS MENORES
Agresividad: se trata de uno de los síntomas más frecuentemente encontrados en niños/as que han vivido y sufrido situaciones de violencia de género. Ser testigos de violencia de género en el hogar puede generar actitudes en los menores que justifican su propio uso de la violencia, y la percepción de que la violencia es aceptable o no puede afectar a su comportamiento en otras relaciones interpersonales. En muchos de los casos estos niños y niñas nacen ya en un hogar donde impera la violencia, no han conocido otra forma de relación y viven inmersos en el dolor que causa su padre a su madre, o viceversa, y a ellos/as mismos/as, por lo que aprenden a convivir con ello.
Conductas antisociales y delictivas: Manifiestan problemas clínicos de conducta, como conductas agresivas y antisociales (McDonald y Jouriles, 1991). En relación a la conducta delictiva podemos encontrar el estudio realizado por Herrera y McCloskey (2001), en el que encontraron que la exposición a la violencia de género en la niñez, predice futuros actos delictivos, o el de González de Rivera (2002) que encontró que la exposición a la violencia de género provoca en la adolescencia resistencia a las normas y falta de ideales y proyectos.
Ira y Hostilidad: Cuando los niños y niñas adolescentes se exponen a alto niveles de hostilidad y agresión por parte de sus progenitores, éstos/as pueden sentir diferentes y contradictorias emociones y reaccionar mostrando altos niveles de ira, por lo que pueden llegar a responder de forma agresiva a los estímulos incluso en situaciones en las que la respuesta de ira no ha sido provocada o no es la adecuada a la situación. Lo que llegan a hacer estos niños/niñas es interpretar que las expresiones de ira son un medio eficaz para cubrir sus necesidades y desarrollan respuestas automáticas de ira en las situaciones sociales conflictivas.
Ansiedad: Los menores se pueden sentir ansiosos sobre todo al desarrollar expectativas de que las interacciones en las discusiones van a derivar en agresiones físicas. Uno de los cuadros diagnósticos que aparecen más frecuentemente en niños/niñas que han vivido la violencia de género, es el Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT) con síntomas como la re experimentación del evento traumático, síntomas de activación como la hipervigilancia, y retraimiento emocional.
Depresión: La depresión está íntimamente unida a la ansiedad, ya que esa anticipación que realizan los niños/niñas de que las discusiones derivarán en agresiones físicas, no sólo provoca ansiedad, sino también aumenta la probabilidad de desarrollar síntomas depresivos.
Trastornos del Aprendizaje y del Desarrollo: Las consecuencias psicológicas de la exposición y vivencia de la violencia de género en el hogar, ocasiona patologías clínicas en los/as menores, que son las que afectan directamente en su rendimiento escolar. En cuanto al desarrollo, muchos de los niños/niñas experimentan pesadillas, no tienen control de esfínteres, sufren crisis de pánico y presentan patrones de sueño interrumpidos.
Problemas de adaptación Psicosocial: Los menores que han experimentado alguna forma de rechazo parental o maltrato tienden a presentar sesgos atribucionales hostiles y aprenden a anticipar y a evitar las conductas de rechazo, generalizando esta anticipación a contextos interpersonales y desarrollando con alta probabilidad déficits en el procesamiento de la información social. Así, es más probable que estos niños/niñas que se muestran agresivos en las relaciones interpersonales con sus iguales no sean aceptados entre sus compañeros/as, aumentando el riesgo de aislarse o relacionarse con grupos de pares agresivos.
Crecimiento: La violencia de género también tiene repercusiones sobre el crecimiento de los/as menores: retraso en el crecimiento, trastorno de la conducta alimentaria, dificultad o problemas de sueño, regresiones, déficits en habilidades motoras, y síntomas psicosomáticos (alergias, asma, cefaleas, dolores abdominales, enuresis nocturna, etc).
PROPUESTAS TEÓRICAS SOBRE LAS CONSECUENCIAS EN LOS MENORES
Existen diferentes propuestas teóricas sobre las consecuencias en los/as niños/as de la exposición a la violencia de género, y cada una de ellas pone el énfasis en distinto procesos o mecanismos que subyacen al inicio de los síntomas relacionados:
Teoría del Apego: Según esta teoría los/as menores que son expuestos a violencia familiar desde muy temprana edad, tienen una alta probabilidad de de desarrollar un patrón desorganizado de vinculación, que provoca efectos adversos en su desarrollo. Así, los/as niños/as que son maltratados tienen un mayor riesgo de desarrollar vínculos inseguros al no recibir apoyo emocional de los adultos que les aterrorizan, la etiología de numerosas patologías infantiles está relacionada con los vínculos de apego desarrollados con los cuidadores principales, por tanto si existe una falta o deterioro de los mismos, como en el caso del maltrato, abuso o violencia de género, se podrían generar dichas patologías.
Teoría del Desarrollo: Según esta teoría, las experiencias tempranas proporcionan la base para las posteriores adaptaciones al entorno, moderando o exacerbando el impacto de los acontecimientos vitales. Así, la exposición a la violencia familiar durante la primera infancia, cuando la capacidad de regulación emocional está surgiendo y existe una fuerte identificación de los menores con sus figuras de apego, proporcionará efectos negativos más fuertes y duraderos en la adaptación a futuras experiencias. Parte de la idea, de que una familia donde existe violencia de género es un ambiente inadecuado para que se dé un buen desarrollo.
Teoría del Aprendizaje Social: Siguiendo esta teoría, el comportamiento violento se puede transferir de generación a generación, lo que se conoce como ciclo de la violencia. De este modo, los niños/niñas que proceden de familias violentas aprenden diversas tácticas de agresión, explicando la transmisión intergeneracional de las conductas violentas. La propuesta central de esta teoría es que los menores expuestos a violencia de género tienden a desarrollar estrategias de afrontamiento del estrés y de resolución de problemas caracterizadas por el uso de la violencia, legitimada por el aprendizaje intrafamiliar. Así el niño o la niña ante una situación de violencia en el hogar se puede identificar con el agresor, aprendiendo a manipular y coaccionar a los demás para satisfacer sus necesidades o en caso contrario, asimilando que sólo podrá relacionarse con los demás mediante la adopción de comportamientos de sumisión, autoculpabilización, o desistiendo ante las dificultades. De esta forma, la violencia puede perpetuarse a través de los papeles de maltratador y de víctimas, volviéndose adultos violentos o adultas sumisas, potenciales maltratadores o víctimas respectivamente (Duarte, 2007).
Teoría del Trauma: Esta teoría propone que la pérdida y la amenaza asociada a la situación de violencia de género, crea un ambiente altamente estresante para los/as niños/as (DeBellis, 2001). La exposición crónica y severa a este tipo de violencia, puede provocar en el/la menor una sintomatología más grave que otro tipo de estresor, debido a los altos niveles de miedo, terror, desamparo, impotencia que genera, y a la percepción de que tanto él/ella como su madre pueden morir o ser gravemente heridos (McNally, 1993; Moreno, 1999; Terr, 1990).
Teoría de la Resiliencia: Según la psicología positiva, no todos los niños y niñas expuestos a la violencia de género presentan problemas, debido a la capacidad de resistencia frente a la adversidad o “resiliencia” (Hughes, Graham-Bermann y Gruber, 2001). Este concepto se utiliza para explicar la forma sorprendente de adaptación y bienestar de niños/niñas que habían sido criados en ambientes desfavorables y negativos, con múltiples factores de estrés grave y crónico y por tanto potencialmente traumatizante. Se ha encontrado que la resiliencia o la habilidad para afrontar exitosamente el estrés y los eventos adversos, proceden de la interacción de diversos factores de la vida del niño/niña, entre ellos: la inteligencia, el temperamento del niño/niña, el locus de control interno o dominio, la familia y el ambiente de la comunidad en la que vive, sobre todo la relación con su crianza y las cualidades de apoyo que están presentes, y el número, intensidad y duración de las circunstancias estresantes o adversas por la que ha pasado, especialmente en edades tempranas.
*RESILIENCIA: En psicología, capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, un accidente...
No hay comentarios:
Publicar un comentario